
Queremos ponernos serios --dentro de lo que se pueda-- con este blog y a partir de este momento retomaremos las actualizaciones de Cuatro manos a la obra, esperando sus comentarios, recomendaciones y buena vibra. Disfruten esta breve reseña sobre Ciertas condiciones aplican, comedia de Javier Vidal que no pueden dejar de ver en Trasnocho de Las Mercedes.
“¡Yo no sé por qué nos quedamos en esta tumba!”; exclama uno de los personajes de Ciertas condiciones aplican, obra estrenada este viernes en Trasnocho de Las Mercedes. Javier Vidal se propone hablar de una ciudad donde la vida no vale nada, donde la muerte y la violencia son las únicas leyes, y donde los ciudadanos caminan indiferentes, incluso con humor negro, por encima de los cadáveres, pensando sólo en el famoso “y-cómo-quedo-yo ahí”. Esa es la intención inicial del dramaturgo y lo logra muy bien, a través de una comedia donde el drama está palpitando debajo de cada sonrisa del público.
Pero el fresco de Vidal muestra también los efectos del poder y cómo desnuda el lado animal del hombre, la codicia, la hipocresía, la traición... El escritor busca satirizar a cierto sector de la aristocracia (¿“boliburguesía”?); no obstante, cualquiera, independientemente de su estrato social, pudiera conocer a alguien así o lo que es peor, ser así.
Una señora de “casi cien años” de edad y miles de millones de dólares de fortuna muere a manos de unos ladrones que le dieron un tiro en su ojo “derecho, perdón, izquierdo”. Lo extraño es que no cargaron ni con el carro BMW “rojo” que ostentaba ni con sus pertenencias, de paso, la señora andaba armada y le dio un tiro a uno de los antisociales. Los parientes discuten en el salón VIP de la funeraria en torno a la repartición de la jugosa herencia, al tiempo que las sospechas, así como las risas –incontenibles hasta para los histriones—no se harán esperar.
Claudio, es un banquero alcohólico manipulado por su mujer, Cristina, una viuda negra y despampanante, cuyo oscuro pasado queda al descubierto en escena; Iván es el que resuelve desde el maquillaje del cadáver y su cofre, hasta el contacto con los medios de comunicación o “carroñeros”; y Nacha es una rockera radicada en Europa, la preferida de la abuela. Octavio aparece cual Tartufo, es el testaferro de la fallecida y de un perrito faldero llamado “Yuguito”.
Gerardo Soto (Claudio) sigue demostrando por qué es uno de los mejores actores emergentes de la actualidad, así como Antonio Delli (Iván), pero hay una revelación, el más joven José Miguel Dao, salido de los talleres de Skena, quien da vida a un predicador fanático que se mueve muy bien en escena. Las risas explotarán al ver a Nacha, el personaje que ha construido Julie Restifo, con un vestuario negro, pelo encendido e inclinaciones a la droga. Hilda Abrahamz (Cristina) está como el vino en lo actoral y lo físico: de cabello negro, desata pasiones hacia el final de la pieza con un vestido negro ceñido al cuerpo que deja ver buena parte de su busto y piernas.
Moisés Guevara debuta dirigiendo comedia y el resultado es óptimo, con una puesta en escena de buen ritmo, con un juego de palabras encadenado perfectamente, y de gags humorísticos y argumentos bien planteados. La escenografía de Fernando Calzadilla explota los elementos barrocos de este tipo de espacios fúnebres, con un piso cuadriculado que le da gran profundidad visual.
Javier Vidal aprovecha para decir sus cosas y hacer alusiones a la realidad política actual. “¡Yo no quiero leyes, quiero justicia!”, dirá uno de los personajes, mientras otro reflexiona: “Nuestra belleza nacional es la escuela de las sospechas” o “La violencia no se inventa, está dentro de nosotros”.
Bien vale la pena dedicar alrededor de una hora y media a Ciertas condiciones aplican. Teatro Trasnocho de Las Mercedes, viernes y sábados a las 8:00 p.m., domingos a las 6:00 p.m.
Pero el fresco de Vidal muestra también los efectos del poder y cómo desnuda el lado animal del hombre, la codicia, la hipocresía, la traición... El escritor busca satirizar a cierto sector de la aristocracia (¿“boliburguesía”?); no obstante, cualquiera, independientemente de su estrato social, pudiera conocer a alguien así o lo que es peor, ser así.
Una señora de “casi cien años” de edad y miles de millones de dólares de fortuna muere a manos de unos ladrones que le dieron un tiro en su ojo “derecho, perdón, izquierdo”. Lo extraño es que no cargaron ni con el carro BMW “rojo” que ostentaba ni con sus pertenencias, de paso, la señora andaba armada y le dio un tiro a uno de los antisociales. Los parientes discuten en el salón VIP de la funeraria en torno a la repartición de la jugosa herencia, al tiempo que las sospechas, así como las risas –incontenibles hasta para los histriones—no se harán esperar.
Claudio, es un banquero alcohólico manipulado por su mujer, Cristina, una viuda negra y despampanante, cuyo oscuro pasado queda al descubierto en escena; Iván es el que resuelve desde el maquillaje del cadáver y su cofre, hasta el contacto con los medios de comunicación o “carroñeros”; y Nacha es una rockera radicada en Europa, la preferida de la abuela. Octavio aparece cual Tartufo, es el testaferro de la fallecida y de un perrito faldero llamado “Yuguito”.
Gerardo Soto (Claudio) sigue demostrando por qué es uno de los mejores actores emergentes de la actualidad, así como Antonio Delli (Iván), pero hay una revelación, el más joven José Miguel Dao, salido de los talleres de Skena, quien da vida a un predicador fanático que se mueve muy bien en escena. Las risas explotarán al ver a Nacha, el personaje que ha construido Julie Restifo, con un vestuario negro, pelo encendido e inclinaciones a la droga. Hilda Abrahamz (Cristina) está como el vino en lo actoral y lo físico: de cabello negro, desata pasiones hacia el final de la pieza con un vestido negro ceñido al cuerpo que deja ver buena parte de su busto y piernas.
Moisés Guevara debuta dirigiendo comedia y el resultado es óptimo, con una puesta en escena de buen ritmo, con un juego de palabras encadenado perfectamente, y de gags humorísticos y argumentos bien planteados. La escenografía de Fernando Calzadilla explota los elementos barrocos de este tipo de espacios fúnebres, con un piso cuadriculado que le da gran profundidad visual.
Javier Vidal aprovecha para decir sus cosas y hacer alusiones a la realidad política actual. “¡Yo no quiero leyes, quiero justicia!”, dirá uno de los personajes, mientras otro reflexiona: “Nuestra belleza nacional es la escuela de las sospechas” o “La violencia no se inventa, está dentro de nosotros”.
Bien vale la pena dedicar alrededor de una hora y media a Ciertas condiciones aplican. Teatro Trasnocho de Las Mercedes, viernes y sábados a las 8:00 p.m., domingos a las 6:00 p.m.
6 comentarios:
Me alegra mucho tener de vuelta en el universo de mordiscos (bites) a las manifestaciones dactilares de sus pensamientos. Muy buena reseña, además. Mis mayores energías para las cuatro manos que escriben y las otras cuatro que acarician e inspiran...
Respetado Angel.
Celebro tu retorno y agradezco tus comentarios acertados e inteligentes sobre CIERTAS CONDICIONES APLICAN.
Abrazo
Moisés
Angel, agradecido por tu comentario y por la critica. Que bueno que te gusto y si hubiese sido lo contrario, igual, es una muy buena critica, muy bien escrita.
Feliz regreso.
Abrazos.
Caro Ricardo, en primer lugar qué bueno tener un blog que mantenga un diálogo dialéctico con el teatro y el arte en general. En segundo, el agradecimiento de tus palabras que son la visión sincera y sentida de tu percepción por la obra y puesta. Las miradas críticas suelen ser muy obvias, mas esta tuya, nos abre otra perspectiva a partir de tus experiencias muy bien expresadas. Espero que los lectores te hagan caso y se acerquen al Trasnocho para sentir de cerca esta black comedy caraqueña...
Querido Angel, felicitaciones por tu blog y gracias por la apreciación escrita sobre nuestro trabajo, éxitos y abrazos.....Julie Restifo
Confundía un santo con un ángel... rectifico a Caro Ángel... Jav
Publicar un comentario